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Mostrando entradas de 2018

AIRE FRIO

Me piden que explique por qué siento miedo de la corriente de aire frío; por qué tiemblo más que otros cuando entro en un cuarto frío, y parezco asqueado y repelido cuando el escalofrío del atardecer avanza a través de un suave día otoñal. Están aquellos que dicen que reacciono al frío como otros lo hacen al mal olor, y soy el último en negar esta impresión. Lo que haré está relacionado con el más horrible hecho con que nunca me encontré, y dejo a tu juicio si ésta es o no una explicación congruente de mi peculiaridad.  Es un error imaginar que ese horror está inseparablemente asociado a la oscuridad, el silencio, y la soledad. Me encontré en el resplandor de media tarde, en el estrépito de la metrópolis, y en medio de un destartalado y vulgar albergue con una patrona prosaica y dos hombres fornidos a mi lado. En la primavera de 1923 había adquirido un almacén de trabajo lúgubre e desaprovechado en la ciudad de Nueva York; y siendo incapaz de pagar un alquiler nada considera...

LOS SAUCES SEGUNDA PARTE

II Realicé un rápido reconocimiento, pero las medidas de la noche permanecían iguales. Había profundas depresiones en la arena, depresiones en forma de cuenco y de diversas profundidades y tamaños, variando desde el de una taza de té hasta el de un gran tazón. El viento, indudablemente, era responsable de estos cráteres; de la misma manera que era responsable de haber arrastrado el canalete y arrojarlo al agua. La hendidura en la canoa era lo único que parecía inexplicable y, después de todo, era concebible que un pico afilado la hubiera cogido cuando desembarcamos. El reconocimiento que hice de los márgenes de la isla no apoyaron esa teoría, pero de cualquier manera me seguí aferrando a ella con esa declinante porción de mi inteligencia a la que aún llamaba razón. Una explicación de este tipo era absolutamente necesaria; de la misma manera que una explicación del universo, sin importar cuán absurda, es necesaria para la felicidad de todo individuo que busca cumplir con sus obligaci...

LOS SAUCES PRIMERA PARTE

I  Tras dejar Viena, y mucho antes de Budapest, el Danubio entra en una región de soledad y desolación. Sus aguas se dispersan, se torna un pantano de millas y millas, cubierto por un vasto mar de bajos arbustos de sauce. En los grandes mapas, esta zona esta pintada de un azul pálido, que se torna cada vez más desvaído a medida que abandona los bancos; y sobre todo esto puede verse la palabra sumpfe: marjales. En época de inundaciones, estos bancos de guijarros e islas tupidas de sauces quedan casi enteramente sumergidos bajo el agua; pero en temporadas normales los arbustos se doblan y crujen al impulso de los vientos, mostrando sus hojas plateadas en una planicie de belleza desconcertante, eternamente agitada. Los sauces nunca alcanzan la dignidad de árboles, no tienen troncos rígidos, permanecen como humildes arbustos, con copas redondeadas y suaves siluetas, oscilando sobre delgados troncos que responden a la mínima presión del viento, flexibles como la hierba, y tan cam...